9 claves para reducir la agresividad de los niños

Muchos niños y niñas desarrollan comportamientos agresivos (por ejemplo: pegar, empujar, arañar o morder), que les generan dificultades de relación y adaptación, tanto en el colegio como en su círculo familiar; frecuentes castigos, notas de los profesores e incluso quejas de otros padres y que son motivos de preocupación y alarma para sus padres ya que en muchas ocasiones nos saben cómo enfocar o manejar este tipo de reacciones de los más pequeños.

 

Con este artículo queremos aclarar  muchas de las dudas, mitos y conceptos inadecuados con los que llegan los papás y mamás a nuestro centro:

 

  1. Aunque sea algo propio de la edad en algunos niños/as, es prioritario abordarlo desde los primeros momentos. Los comportamientos agresivos en niños/as suelen aparecer a los 3 años, etapa del desarrollo en la que todavía no han adquirido una adecuada capacidad de autocontrol, manteniéndose con frecuencia hasta los 6 años. Si bien en muchos niños es una etapa de su desarrollo, hay que tener en cuenta la necesidad de frenar cuanto antes este tipo de conductas y enseñar a nuestras hijos conductas alternativas para manejar la frustración, el enfado o simplemente el juego.

 

  1. No podemos olvidar que el mantenimiento de estas reacciones genera consecuencias negativas como el rechazo y la evitación de su grupo de iguales.

 

  1. Los niños aprenden por imitación este tipo de comportamientos, ya sea a través de nuestro modelo en casa en el que no gestionamos adecuadamente los conflictos (por ejemplo: gritar, dar portazos, insultar, etc.) , o a través de su exposición a modelos violentos (películas, videojuegos, programas de TV, etc.).

 

  1. Los niños con baja tolerancia a la frustración, falta de habilidades sociales o problemas de comunicación son más vulnerables.

 

  1. Las situaciones de estrés, excesiva competitividad y falta de normas favorecen la aparición de estas conductas.

 

  1. Cada vez que un niño consigue lo que quiere a través de estos comportamientos, se refuerza el problema.

 

 

¿Qué podemos hacer? 9 claves para padres

 

  1. Detrás de ese comportamiento agresivo hay una emoción o problema que tu hijo o hija no sabe expresar: ¿Tiene baja autoestima? ¿No se siente aceptado o querido? ¿Se siente desplazado por la llegada de un hermano/a más pequeño? Identificar qué le preocupa y ayudarle a resolverlo será un gran impulso para eliminar la conducta.

 

  1. Normaliza los sentimientos de enfado, ayúdale a expresar lo que siente y a ver formas alternativas para manejarlo: Dibujarlo o escribirlo en un papel y tirarlo a la papelera de los sentimientos puede ser una alternativa.

 

  1. Refuerza mucho los comportamientos positivos de su día a día: hacer los deberes, recoger la mesa, un dibujo precioso, dormir sin luz, etc.

 

  1. Predica con el ejemplo y adopta una actitud tranquila antes los problemas. Somos un modelo muy importante y si nos ven gritar, perder la paciencia, insultar, etc., es muy probable que nos terminen imitando. .

 

  1. Si explota en casa o contra vosotros, dar espacio, retirar la atención y tomar distancia es lo más efectivo hasta que se le pase. Luego abordaremos con él lo que ha pasado.

 

  1. Si explota con otros niños o con su hermano, la prioridad es pararlo desde el principio y retirarle a otro espacio para reflexionar: “no puedes volver a jugar con otros niños hasta que no estés tranquilo y preparado para jugar sin pegar”

 

  1. Tras cualquier situación agresiva, cuando esté tranquilo retomaremos la situación con él ayudándole a identificar que le ha pasado y explicándole cuáles serán las consecuencias: siempre pedir perdón a la persona o personas implicadas junto con la retirada de algún privilegio o la realización de una tarea compensatoria alternativa (por ejemplo: recoger su habitación…)

 

  1. Ambos progenitores deben aplicar las mismas técnicas.

 

  1. Favorece que haga ejercicio físico y evita el abuso de televisión, películas o videojuegos.

 

No dudes en consultar a un profesional si en un tiempo no logras cambios significativos.

Zaloa Gómez (Psicóloga)

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