Dejar de Fumar no es como escalar el Everest

Cuando preguntamos a las personas por qué fuman (o han fumado), son muchas y variadas las razones que nos dan. Algunas personas afirman que lo hacen porque disfrutan; otras personas nos explican que les relaja o que les gusta el sabor de los cigarrillos; y así sucesivamente, nos encontramos con un largo listado de razones que las personas se dan para explicar su consumo de tabaco. Cada fumador se da su propia explicación y le otorga mayor o menor importancia a cada una de estas razones.

Nos engañamos diciendo que fumamos porque queremos, porque nos gusta o porque nos relaja. La realidad es que hasta los fumadores más empedernidos han fantaseado con la posibilidad de dejar el tabaco e incluso muchos de nosotros lo hemos deseado desesperadamente de forma casi obsesiva. Los fumadores piensan en dejar de fumar en innumerables ocasiones a lo largo de su vida.

Nos levantamos tosiendo y pensamos en dejar de fumar. Lo pensamos cuando en congresos, reuniones o eventos, aprovechamos cualquier momento para salir corriendo y buscar de forma desesperada un lugar para fumar un cigarro; optimizando nuestra capacidad de fumar uno detrás de otro en el poco tiempo del que disponemos y renunciando al buffet, las conversaciones interesantes y las posibilidades de relacionarnos.

Pensamos en dejar de fumar cuando vamos a casa de esos amigos (la mayoría actualmente) y nos vemos obligados a humillarnos, pidiendo por favor que nos dejen sacar la cabeza por alguna ventana, puerta o cualquier agujero que permita sacar la mano del cigarrillo, para poder fumar sin ahumarles la casa o a su hijo recién nacido. Nos da igual que sea invierno, que esté nevando o lloviendo y que el cigarro se moje y no “tire bien”, que nos congelemos. Nos da igual. Eso sí, pensamos en dejarlo en algún momento.

Lo pensamos, lo pensamos, lo pensamos una y otra vez. Pero entonces, ¿por qué seguimos fumando?, ¿por qué no intentamos dejar de fumar en esas ocasiones?.

La respuesta es sencilla, no dejamos de fumar porque creemos que no podemos hacerlo. Supone un conflicto para nuestro cerebro, que se ve obligado a resolver.Supone estrés, ansiedad y nerviosismo. ¿Y qué hace un fumador cuando experimenta estas emociones? ¡Fumar, Fumar y Fumar!.

La dependencia psicológica se hace fuerte con creencias limitantes sobre nuestra capacidad para afrontar la vida y ser feliz sin tabaco. Nos hace creer que inhalar humo irritante (para los ojos y la nariz) nos proporciona energía y bienestar, aunque al resto de los mortales les genere cansancio crónico por la falta de oxigeno.

Nos hace creer queun cigarrillo nos ayuda a afrontar muchas situaciones sociales. A pesar de vernos obligados a hacer verdaderos malabares para poder fumar; tener el cigarrillo en una mano y no quemar a nadie (la postura con el brazo ligeramente inclinado hacia arriba es la mejor), fumar sin ahumar a todos los de mi alrededor (la mayoría ya no fuma y uno de ellos es mi jefe), coger la taza de café (o sucedáneo), el piscolabis, el móvil, el bolso, el abrigo, etc. ¡Demasiadas cosas!. Y ahí estás tú, el fumador que cree que fumar le ayuda en esas situaciones, buscando desesperadamente un lugar donde tirar la ceniza que se te va acumulando. Pero claro, fumar nos ayuda en las situaciones sociales.

Nos hace sentir nostalgia. ¡Como si hubiera pasado una eternidad! y fue ayer o hace un rato cuando lo dejaste.

Te hace olvidar tus percepciones negativas sobre el tabaco. Estás harto de estar buscando un momento para fumar. Estas harta de oler a tabaco. De no rendir cuando haces deporte o de asfixiarte cuando subes unas escaleras o una cuesta empinada. Te hace olvidar que te comprometiste contigo mismo, con tu pareja o tus hijos. Te hace olvidar que ya sólo disfrutas con uno o dos cigarros y el resto incluso te asquean. Te hace olvidar que quieres ser libre y sentirte libre en cualquier lugar, se pueda o no fumar, y un largo, larguísimo etc.

No necesitas fumar, sólo has acostumbrado a tu cerebro a hacerlo y te sientes raro cuando no lo haces. Dejar de fumar no sólo es posible, es más fácil y más sencillo de lo que podríamos imaginar. En realidad las personas seguimos fumando para evitar las graves consecuencias que estamos convencidos que experimentaremos cuando lo dejemos. Sin saber que, si realmente lo decidido, si realmente siento las ganas de ser libre, de respirar, de saborear… y sigo un plan para conseguirlo, descubriré como muchas de esas consecuencias las genera el propio miedo a dejar de fumar y las otras son muchos menos intensas y duraderas de lo que creemos. Descubro que lo que siento no es un horrible síndrome de abstinencia, son sensaciones normales, incluso saludables y positivas porque me recuerdan que estoy dejando de fumar y superando mi dependencia. Entonces dejar de fumar deja de convertirse en la tortura imposible a estar complemente al alcance de cualquiera de nosotros.

¡Compártelo con las personas a las que creas que les puede ser útil!

¡Tal vez sea una buena idea dejar de fumar!

1. Recuerda todo aquello que has conseguido hasta ahora.¿Por qué no vas a conseguir dejar de fumar?

2. Imagina que has conseguido dejar de fumar y experimenta cómo te sientes y todo lo que has ganado.

3. Ponte en acción: ponte una fecha, elige un método, pide ayuda si lo ves necesario…

www.extabak.com

1 comentario en “Dejar de Fumar no es como escalar el Everest”

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