Mamá, Papá….Tengo miedo.

Uno de las principales motivos por los que nos consultan los padres y  madres en nuestro servicio de Psicología Infantil son los miedos de  los más pequeños de la casa. El temor a los desconocidos, el miedo a dormir solo, a separarse de los padres, a la oscuridad, a los animales, etc, son comunes en la mayoría de los niños y niñas, y van apareciendo y desapareciendo en las diferentes etapas de desarrollo infantil ¿Pero hasta qué punto el miedo que experimenta un niño es algo “normal” o se trata de un problema para el que hay que buscar ayuda?

La mayoría de los temores y miedos infantiles son evolutivos, no causan interferencia en la vida de niño/a y terminan por desaparecer por sí solos. Sin embargo, es muy importante que tengamos siempre presente que las características personales de cada niño/a, sus experiencias vitales (p.ej. quedarse encerrado en un armario, ver que su padre o su madre están pasado por un enfermedad)  y el modelo familiar (p.ej. enseñarles con mensajes a cerca del peligro de las cosas, padres miedosos, etc.) , influyen de forma muy potente en la vivencia que tiene cada niño y en cómo afrontará las situaciones que le dan miedo.

 

¿Cuáles son los miedos más frecuentes en cada etapa?

 

ETAPA

MIEDOS

0 a 6 meses

Ruidos fuertes, pérdida súbita de apoyo y soporte.

6 meses a 12 meses

Desconocidos, separarse de sus padres y  objetos que surgen bruscamente.

1 año

Desconocidos, separarse de sus padres y heridas.

2 años

Separarse padres, ruidos fuertes y animales.

3 años

Separase padres, animales y mascaras (personas disfrazadas).

4 años

Separarse de los padres, animales, ruidos y oscuridad.

5 años

Separarse de los padres, animales, oscuridad y lesiones corporales

6 años

Separarse de los padres, oscuridad, lesiones corporales, ruidos fuertes (tormentas) y seres sobrenaturales (brujas, fantasmas, extraterrestres)

7-8 años

Estar solo,  seres sobrenaturales, oscuridad, lesiones físicas, hacer el ridículo.

9-12 años

Exámenes Escolares (suspensos), aspecto físico, lesiones corporales, truenos y relámpagos, muerte y oscuridad, incendios, enfermedades graves.

 

¿Cómo podéis ayudarle?

 

  • Escucharle mucho y animarle a hablar de forma abierta de las cosas que le asustan.
  • Normalizar el miedo como una emoción que todos tenemos en algunas situaciones y que nos ayuda en algunas situaciones.
  • Evitar regañarle o hacer comentarios por los que pueda sentirse avergonzado de lo que siente. asustado.
  • Proporcionarle un modelo de seguridad y confianza en él mismo.
  • Animarle a afrontar pasito a pasito las situaciones que le dan miedo. En este punto hacerlo a través de los juegos (p.ej. jugar a las tinieblas con niños que tienen miedo a la oscuridad) o el uso de cuentos  pueden ser de gran ayuda.
  • Transmitirle seguridad y confianza.
  • Reforzar mucho los pequeños avances  con elogios  por su valentía.
  • Ofrecerle apoyos al principio que le ayuden a sentir menos miedo (p.ej. luz del pasillo, dejar la puerta abierta, su amuleto preferido, etc.)
  • Actuar de modelo y cuidar nuestros mensajes y reacciones sobre los peligros del mundo.

 

Un cuento para trabajar el miedo a la Oscuridad con los más pequeños de la Casa

 

“Había una vez un niño que temblaba de miedo cuando llegaba la noche. Encendía lamparas, velas, linternas y, de haber podido, hubiese dejado al sol brillar sin descanso. Hasta que un día, una niña misteriosa le ayuda a descubrir que la noche tiene escondida una luz muy especial”

Bradbury, R. and Villamuza, N. (2005). Encender la noche. 1ªed. España: Kókinos.

 

 

¿Cuándo acudir a un profesional?

 

Como hemos dicho, sentir miedo es una emoción normal que todos tenemos y que nos ayuda en muchos momentos de nuestra vida. En el mundo de los niños y niñas es una emoción que surge en varias etapas y que va evolucionando en función de la edad.

Sin embargo, en ocasiones el miedo comienza a convertirse en un problema que bloquea, que limita y que le hace más dependiente de lo que correspondería para su edad. O simplemente no desaparece por sí mismo y le afecta en su día a día. En estos casos, es importante que consultéis con un profesional, quien podrá evaluar si se trata de un problema para vuestro hijo/a y os orientará a cómo abordarlo.

 

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